Blackfiled IV: Aviv Geffen toma el control (con una pequeña ayuda de sus amigos)


Blackfield IVHartos coletazos ha traído la decisión de Steven Wilson de seguir una carrera solista, porque no sólo marcó el fin de Porcupine Tree sino que, supuestamente, marcaría el fin de Blackfield.

Pero su socio, Aviv Geffen, no iba a botar el proyecto, más que mal esta banda se convirtió en una vitrina para que él se diera a conocer al mundo fuera de Israel. Así que Geffen  se encargó de levantar la cuarta aventura de Blackfield, esta vez  relegando  a Wilson a un rol de colaborador y siendo él el principal compositor…aunque solicitó algo de ayuda.

Porque lo que destaca de IV, esta cuarta entrega de Blackfield, es la aparición de artistas invitados, que de repente puede ser un arma de doble filo, como explicaré más adelante, a media que vaya revisando las canciones.

 

PiIlls es la que abre el álbum y tal vez es la más oscura de todas, capturando la esencia de los dos primeros discos. Con Geffen de voz principal  la canción habla  de la necesidad de las píldoras de todo tipo para pasar el día a día, lejos la canción más depresiva del disco.

Springtime es la que sigue y es una de las pocas que se escucha a Wilson y Geffen  como duo. Si Pills captura la esencia de los dos primeros discos, ésta captura la esencia de Welcome to my DNA con un arreglo de cuerdas que te deja con una sensación esperanzadora, contrastando con el primer track.

X-Ray es la primera canción en que encontramos a un artista invitado, el cual es Vincent Cavanagh de Anathema. En este caso la canción funciona bien porque Cavanagh se adapta al estilo de Blackfield. Si bien la canción no suena 100% Blackfield, por lo menos no se siente desnaturalizada , cosa que siento que ocurrió con las otras dos colaboraciones.

Sense of Insanity sigue con Geffen como voz principal. Esta es la canción más pop del disco, con una clara influencia de U2 por parte de Geffen (Edge es uno de sus guitarristas favoritos) y con un coro al final que puede recordar un poco a Coldplay, eso sí es un buen tema.

En Firefly aparece el segundo invitado del disco, quien resulta ser Brett Anderson de Suede. Aquí ocurre que el invitado al ser alguien tan conocido con una voz  muy característica, se come a  la canción y ésta termina siendo una canción de Suede tocada por Blackfield. Algo similar ocurre con The Only Fool Is Me, con Jonathan Donahue de The Flaming Lips en las voces, es una hermosa canción melancólica, sin embargo me da la sensación que fue agregada a la fuerza, por el hecho  de tener al invitado en el disco pero claramente como que no se ensambla bien al álbum. Es rara la presencia de The Only Fool Is Me en el disco, que repito, es una hermosa canción.

Con Jupiter escuchamos la única canción en que Steven Wilson es la voz principal. Jupiter es una canción nostálgica de tiempos pasados, tiempos sencillos y de almas temerarias y de como uno de un día para otro, debe tomar palco y ver a otros corazones temerarios disfrutar esos tiempos. Por triste que sea la letra, Wilson tiene el extraño don de hacer canciones hermosas con estos tópicos, Jupiter no es la excepción.

Kissed by the Devil vemos a Geffen nuevamente como voz principal, esta vez con una canción con notoria influencia de los Beatles tirado para el lado de John lennon, y que por ser de la misma fuente de inspiración, me recuerda a los primeros discos de Bigelf.

Tal vez Lost Souls es la canción más débil del disco, con la voces de Wilson y Geffen al unísono, es una correcta canción rockpop que no produce mayor sobresalto.

Faking es  otra de las canciones del ADN de Blackfield, al igual que Jupiter es una canción tristona que empieza tristona pero evoluciona a una sonoridad más esperanzadora, esta canción engloba la estructura sonora que encontramos tanto en IV como Welcome to my DNA. Faking hubiese sido el final adecuado para el disco, pero para que no pareciese EP (IV dura apenas 31 minutos y medio) Geffen  cierra el disco con After the Rain, una canción de apenas 1:26 que podría describirse como una versión condensada de Idioteque.

Y así termina IV, un disco que sacando cuentas es bueno,  no es mejor que los dos primeros, pero que en lo personal me gustó más que DNA. Ahora definitivamente Blackfield IV marca la transición a otra cosa, que sea buena o mala solo va a depender, a partir de ahora de Aviv Geffen.

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