Como pueden ver, el aspecto de esta bitácora cambió un poco, no os preocupéis, esto ocurre solo cuando lean artículos sobre WoW, el resto de las otras cosas que hablo (80% música) tendrá su aspecto normal, y sí, no he comentado nada sobre varios discos que han salido y varia gente me lo ha hecho saber, trataré de hacer un resumen de final de año.
Aclarado eso, centrémonos en lo que nos convoca, esta sección del blog, que nace como una suerte de preámbulo para mis planes con un sitio de mayor envergadura que está en un gran letargo pero que lentamente avanza, pero mientras desvariaré sobre WoW.
¿Y de que hablaremos?, bueno empezaremos por los dungeons, que dentro de World of Warcraft son por lo general cuevas o palacios en donde uno debe moverse por estructuras laberínticas para encontrar un tesoro o matar a alguien o algo (que es mas menos la esencia de las misiones de WoW). La diferencia de los dungeons (o mazmorras para quienes no les gusta utilizar anglicismos) con una de las misiones normales de WoW , es que tienden a tener mayor dificultad por los enemigos que aparecen y otros detalles que mencionaré luego.
Hasta antes de mi hiato de 10 meses en WoW había completado 3 dungeons y si bien era difícil y era necesario ir en grupo, había uno en particular que me había dejado la bala pasada: The Scarlet Monastery.
The Scarlet Monastery es un monasterio al noreste de Lordaeron, un bonito reino hasta que un tipo llamado Arthas mató a su padre que por esa casualidad era el rey del lugar y lo llenó de zombis. Este monasterio viven unos tipos que forman la Cruzada Escarlata, un grupo xenófobo que mata a todo lo que no sea humano y a todos los humanos amigos de los no humanos. Y yo iba allá con Vorgor que es un Orco, yei!
Existen dungeons difíciles, pero el monasterio Escarlata es FALSO, de partida pasillos llenos de enemigos y centinelas hinchando las gónadas a cada rato.
El otro punto de esta falsedad son los personajes que aparecen ahí que llegan a ser detestables. Puedo mencionar fácilmente a unos monjes guerreros muy molestos de tratar, que te hacen muy complicado el paso para completar las 3 misiones que por lo menos he tenido que hacer allí (es interesante que en todos los RPG el personaje del monje guerrero sea una real molestia, como que el arquetipo de ese personaje está muy bien delimitado en los que desarrollan juegos de rol), luego hay una serie de capellanes de la cruzada escarlata de varios sabores con muchas habilidades molestas, como son regenerar energía y campos de fuerza que absorben lo golpes, y si a esto le sumamos que pese a que los monos están a punto de morir, desangrados y mareados (habilidades de daño de mi personaje) salen huyendo a buscar refuerzos a toda velocidad y hay que pillarlos rápidamente para que no bisque refuerzos, sin mencionar que por lo general no se pelea uno a uno sino 3 o 4 contra uno.
La guinda de la torta de este entuerto la pone la cámara, ya que a veces los pasillos son muy cerrados con que la cámara se pone en primerísimo plano lo cual es incomodísimo ya que no te permite ver qué ocurre a tu alrededor, y hay partes que tampoco se puede alejar mucho la cámara ya que hay unos emblemas colgantes que te entorpecen la vista. Si bien este lugar implica harto desafío, los niveles de frustración también se elevan, más aún ya que en algún parche de actualización hicieron que en caso de morir, no solo hay que empezar recorrer el dungeon desde el principio sino con todos los monos que uno mató resucitados casi de manera inmediata.
Así que con esas premisas había que armar un grupo para incursionar al monasterio lo suficiente bien preparado para no morir en el intento…por enésima vez.
Hice las quests que tenía disponible para mejorar mi armamento, le pedí ayuda a un elfo de sangre que nos donara parches para enchular mi armadura y las de mis compañeros de grupo y subir un par de niveles para mejorar ciertas habilidades.
Y luego de prepararnos volvimos a entrar al monasterio y la preparación dio frutos, avanzamos bastante, completamos la misión llamada “the compendium of the Fallen” que es un libro que tal vez hable de caídos en algún épico combate, valga a saber uno, pero ya con el hecho de haber encontrado ese libro completaba una quest que había iniciado en diciembre del año pasado.


Obviamente Murphy se presentó para arruinar las cosas. Ya cerca de terminar el recorrido se me acabaron las balas de mi escopeta para atraer a los enemigos (compré DE TODO en el juego para entrar al monasterio y se me olvidó comprar unas cagonas balas). Esto conllevó que Hurloon el Shaman Tauren que me acompañaba utilizó un hechizo para atraer enemigos y luego yo los atacaba, pero justo ocurrió un revoltijo de eventos, entre un lag, una mala posición de la cámara y una entrada pequeña que terminó con que yo atacase a un tótem del shaman que me daba ayuda mientras millones de monjes y capellanes se pitearon de un saltiamen al Tauren y luego vinieron por mí.
Moraleja: no importa cuán preparado puede estar uno, basta un pequeño desajuste para que todo se vaya abajo, lo bueno es que estamos ad portas de terminar la última misión del monasterio y naturalmente tendré en cuenta el detalle de las balas.
Y ese es todo lo que puedo narrar de mi experiencia en el monasterio, veamos qué otras cosas pueden pasar y que se puedan registrar en estas crónicas.
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