Lo del 16 de mayo fue algo muy esperado por mí por mucho tiempo, la oportunidad de ver al genio detrás de Porcupine Tree quien no es nada más ni nada menos que el señor Steven Wilson.
Cuando Wilson vino el año pasado a Chile me lo perdí, pero en esa ocasión no fue TAN terrible, porque debo admitir que el Grace for Drowning no lo asimilé del todo hasta la salida del The Raven That Refused To Sing (And Other Stories), es increíble como un álbum abre la puertas para la accesibilidad de otros discos y The Raven That Refused To Sing es uno de ellos; también es un disco de no fácil digesta pero es adictivo haciendo que uno lo escuche una y cien veces.
Había organizado todo para este día, no había ningún compromiso laboral que me inhabilitara de verlo, pero como la Ley de Murphy siempre me pone a prueba, desperté con un esguince en el pie izquierdo, producto de una muy mala idea de correr en la noche anterior. Pero como todo guerrero, me vendé el pie y con la ayuda de mi amigo ibuprofeno salí al concierto.
Al igual que el concierto de Marillion, el timming de llegada fue perfecto, porque no estuvimos más de 10 minutos en las nunca bien organizadas filas del Teatro Caupolicán para empezar a entrar y mi primera gran sorpresa es que las entradas que compré, producto del azar y poca información de un señor no muy amistoso de Ticketek , nos dejaron en el primer piso a diez metros de Wilson . Mi primera impresión adentro fue notar que había una neblina dentro del recinto que era parte del espectáculo (y no producto de la marihuana que no se sintió tanto si lo comparo con otros conciertos al aire abierto).
Para sorpresa de varios la “experiencia Wilson” empezó media hora antes del concierto, cuando en el telón de fondo empieza a mostrarse una luna, la cual le pasaban nueves encima con una música incidental bastante envolvente y la neblina anteriormente mencionada con lo que uno quedaba inmerso en esta atmósfera. Mientras pasaba el tiempo esa luna lentamente empieza a mutar a lo que es la cara que aparece en la portada del actual disco, con unas transiciones a caras medias terroríficas para ser sinceros.
Ya cuando el clima estaba bien tenso con la luna siniestra sobre el publico, empieza el show con la potente Luminol , tema que abre el último disco, ahí queda claro que la calidad musical de Wilson y sus músicos es innegable y la calidad sonora al mejor nivel, lo que muestra el perfeccionismo de Wilson; tanto así que pese al increíble sonido, él mismo pidió disculpas por estar utilizando amplificación con Marshall(que eran de buena calidad), cosa que a él no le agradaba mucho, pero al final no fue ningún problema para nadie. Una cosa que me llamó totalmente la atención fue la cercanía de Wilson con el público, pensaba que iba a ser más distante; no sé cómo fue en el primer recital pero viendo otros concierto en vivo se le notaba más parco , distante y menos interactivo, nada que ver con lo que se pudo observar , lo cual demuestra que está a gusto con el público local.
La puesta en escena estaba apoyada por un buen juego de luces y proyecciones audiovisuales de fondo, que no fueron las protagonistas hasta que llegó un momento específico del show, en donde Wilson interpretó las canciones The Watchmaker e Index, dos verdaderas historias de terror que se pudieron sensorialmente vivenciar. Esto a través de la bajada de un telón frontal medio traslúcido, que jugando con el telón de fondo se produce una sensación de 3 dimensiones reloca, esto gracias a un efecto de offset que se generaba entre el telón frontal y el de fondo. Eso aumentaba el impacto visual de las imágenes que se desplegaban. Definitivamente ese fue el momento más potente del show, donde hay que recalcar el increíble sonido cuadrafónico, que por las características del lugar se pudo experimentar de manera perfecta.
Pero mi momento preferido fue cuando tocaron una de mis canciones favoritas del tiempo reciente: Harmony Korine. Si existe una canción que define la esencia de la genialidad de Steven Wilson es ésta.
Estaba llegando el fin del concierto y ese momento comenzó con la canción de rock progresivo por excelencia dentro del catalogo solitario de Wilson que es Raider II, canción que se hizo corta, lo cual a mí me llamó la atención porque hasta antes del recital siempre se hizo largo ese tema, otras de las cosas mágicas de los recitales en vivo.
La despedida la inició con The Raven That Refused to Sing proyectando el corto animado que es es parte del videoclip, lo cual potenciaba el sentimiento de tristeza que emana esa canción , pero que funciona perfectamente para el cierre de un concierto.
Pero había un encore y en esta pasada Wilson toma un tema de su catalogo más antiguo de Porcupine Tree como es el caso de Radioactive Toy y con explosiones nucleares termina un muy potente concierto.
Ya saliendo del concierto me quedo con la satisfacción de haber visto un muy asombroso recital; pero también con la sensación de que la posibilidad que Porcupine Tree se reúna nuevamente se esfume, porque tal como lo dijo Wilson en el encore al presentar Radioactive Toy, Porcupine Tree fue un alias que él usaba para mostrar su música y que luego se volvió una banda y si su siguiente álbum es tan bueno como The Raven ¿para qué volver con Porcupine Tree? Por lo menos tengo la certeza que en caso de darse la remota posibilidad de reunión lo podremos ver en Chile, porque Wilson sabe que acá juega de local.
Setlist del concierto:
- Luminol
- Drive Home
- The Pin Drop
- Postcard
- The Holy Drinker
- Deform To Form A Star
- The Watchmaker
- Index
- Insurgentes
- Harmony Korine
- No Part Of Me
- Raider II
- The Raven That Refused To Sing
- Radioactive Toy

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